Se asomó un guante oscuro, de fina calidad, por el borde de la ventana blanca.  Inmediatamente percibí  el  contraste. Crucé lentamente el salón de exposiciones de artes decorativas, donde estaba visitando la muestra. Miré distraída sobre mi hombro, hasta que mis ojos se encontraron con los del dueño del guante.

    Impecable diseño, me dije. Hombre alto, de cabello y tez morena, con ojos profundos, inquisidores. Las miradas que fugaban y llegó el momento.

     Se exponían obras en blancos puros, contrastes cotidianos, detalles ciertos. Y ahora, le agregábamos la de "la ventana a la felicidad", que acabábamos de bautizar, con el encuentro.

Marisa E. Avogadro. Periodista y escritora argentina.