Se sienten los trinos de varios pájaros. El árbol alto que está en el jardín, es la casa de muchos de ellos. Entre sus ramitas verdes claras y oscuras arman su casa zorzales, horneros, tijeretas, loros, palomas. Parecen farolitos de colores suspendidos casi en el aire, cuando están todos juntos.

            A todos ellos les gusta mucho llegar hasta aquí porque está María. Mi amiga María, es muy tierna y cariñosa y sus amigos pájaros lo saben. Con ella están seguros.

            Les tira pedacitos de maíz y migas de pan y ellos vuelan hasta la tierra para buscarlos. La miran de reojo, le cantan pequeñas canciones dándole las gracias y ella las escucha con gran atención.

            Hay un picaflor de brillante plumaje verde y azul como el mar al amanecer, que revolotea de flor en flor, tranquilo, porque conoce a María y sabe que ella no lo va a querer atrapar.

            Los pájaros vienen siempre, el árbol se pone de fiesta para recibirlos y ellos no faltan a la cita. Se sienten tranquilos, sin temor a ser molestados ni encerrados. María ama la libertad y nunca permitiría que los pongan en jaulas.  

            Su espíritu es sensible y sabe que las aves necesitan espacio y volar. Volar hasta el cielo azul-celeste; celeste- claro y volar y volar...

Marisa E. Avogadro. Periodista - Escritora argentina