AZABACHE
Negro nocturno. Azabache. Bravío. Crines al viento y resoplidos. Lo miro a la distancia esbelto, trotando por el campo abierto. Verdes y ocres se pierden entre aromas a lavanda, tilos y recuerdos.
Negro nocturno, de noche. Cuando sale a recorrer los pastizales a paso lento o al trote.
Azabache, azabache también son sus ojos grandes, vivaces. Cada mirada es un gesto, una expresión de amor, un movimiento.
Decidí acercármele con terrones de azúcar, que comió rápidamente y de nuevo sus ojos brillaron con un gracias dulce y salvaje, mezcla de miel y menta.
Y volvió a correr al campo; desafiando el viento. Habitante silencioso de nuestros suelos. Tras él; cabalgan jinetes invisibles en caballos alados; los orígenes de nuestras tierras. Los caciques vigilando, a campo traviesa.
Los cóndores
Desde arriba todo era más pequeño pero más amplio. Extendido al infinito azul, azul-celeste. Al infinito del marrón de la tierra. Extendido a escasos verdes.
Desde arriba, se acallaban las voces, los gritos de auxilio, las plegarias. Se podía ver como se preparaba el ejército. Una figura masculina esbelta montada en un caballo que se fundía con la nieve eterna. Cientos de personas en uniformes, pertrechos, mulas .Armas por doquier. Una fogata que despedía destellos rojos de coraje, de pasión aguerrida, de pedidos de libertad para los pueblos.
Desde arriba, justo en la línea del zenit, en la hora en que las luces se confunden con las sombras, El, el Libertador de América, levantaba su sable firme, dando el grito, para cruzar la Cordillera.
Desde arriba, nosotros hacíamos su custodia, cóndores del aire, con el orgullo de la naturaleza que libre, libre vuela.
Desde arriba, alas desplegadas al viento, como el espíritu de los guerreros, que iban a defender la libertad de nuestras tierras.
La Esperanza
Bajo mi copa, han pasado miles de milagros y misterios. Mis fuertes brazos grises plata, se levantan firmes desde la tierra y miran al cielo en busca de gotas de sabiduría para aconsejar.
Verde, verde-azulado, verde-esmeralda, son mis hojas de verano, que como pares de antenitas han escuchado historias increíbles.
Cuántas veces los niños traviesos me miran mientras rayan mi viejo tronco y juegan a la pelota. Cuántas parejas se han dicho palabras de amor o han discutido por horas.
Bajo mi copa, el amor, el odio, la ternura, la paciencia, la intranquilidad, la paz, la espera, todas se han dado cita. Noches y días, otoños y primaveras, con la música del río que corre a mi derecha y me susurra secretos de otras tierras, llevo siglos en este lugar, por donde pasaron historias verdaderas.
Bajo mi copa, frondosa, verde, verde-azulada; la esperanza me tiñe y forma hojitas. Cada vez soy más grande y cada vez hay más esperanza. Gotitas verdes trasparentes corren por mi cabellera.
Esperanza, ese es mi nombre y soy un árbol que estoy a la espera, de quien necesite cobijarse bajo mi madera.
Marisa E. Avogadro. Periodista - Escritora


Avogadro, M. En colaboración (2008). Mediaciones tecnológicas: el entramado invisible del ciberespacio. En Mediaciones Sociales. Tomo 3. Madrid: Universidad Complutense de Madrid. ISBN electrónico: 1989-0494.




"Poetas en Octubre". En Colaboración. Antología del 47º Encuentro Internacional de Poetas "Oscar Guiñazú Alvarez", Córdoba, octubre de 2008.


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