Resbalan dorados tenues

y se deshacen marcados verdes.

Frutales, frescos y ácidos,

en su boca se funden despacio.

 

Y vuelven los almendros en flor

y el aroma a racimos recién cortados.

Se mezclan dulces y secos

en su paladar abocado.

 

Llegan a la memoria los tilos,

las vainillas, los manzanos.

Amarillos, verdes y mantecas.

Néctar, sabor y vino blanco.

Marisa E. Avogadro.  Periodista - Escritora