Cuarto de Luna 

                 Sólo el reflejo en el agua de un cuarto de cielo abierto. Grande, brillante y blanco. Formas, en mil formas se sugiere. Bosques, niños, carros guardianes. Guerreros de otros tiempos y animales. Olores, casi ninguno y miles de distancias.

                Entre ella y nosotros un mundo;  mundo de voces imaginarias. De sensaciones despertadas en horas avanzadas. De sensaciones distintas y encontradas. Del compás de espera, de amor , de madrugada.

                Grande, brillante y blanca. En el cielo nocturno está el cuarto de luna, de la nueva, que vendrá mañana.

Del libro: "Un viaje imaginario". Marisa E. Avogadro. Cuentos infantiles. Argentina, 2004.

 

La Esperanza

                 Bajo mi copa, han pasado miles de milagros y misterios. Mis fuertes brazos grises plata, se levantan firmes desde la tierra y miran al cielo en busca de gotas de sabiduría para aconsejar.

                Verde, verde-azulado, verde-esmeralda, son mis hojas de verano, que como pares de antenitas han escuchado historias increíbles.

                Cuántas veces los niños traviesos me miran mientras rayan mi viejo tronco y juegan a la pelota. Cuántas parejas se han dicho palabras de amor o han discutido por horas.

                Bajo mi copa, el amor, el odio, la ternura, la paciencia, la intranquilidad, la paz, la espera, todas se han dado cita. Noches y días, otoños y primaveras, con la música del río que corre a mi derecha y me susurra secretos de otras tierras, llevo siglos en este lugar, por donde pasaron historias verdaderas.

                Bajo mi copa, frondosa, verde, verde-azulada; la esperanza me tiñe y forma hojitas. Cada vez soy más grande y cada vez hay más esperanza. Gotitas verdes trasparentes corren por mi cabellera.

                Esperanza, ese es mi nombre y soy un árbol que estoy a la espera, de quien necesite cobijarse bajo mi madera.

Del libro: "Un viaje imaginario". Marisa E. Avogadro. Cuentos infantiles. Argentina, 2004.

 

 El Triángulo

    La figura geométrica que lo definía era justamente el triángulo: tres lados, tres ángulos, tres caras, tres vértices.

   El número tres para los esotéricos. La hora del reloj, la hora de la misericordia ó tal vez, la hora de la impiedad.

    Y cuando miró el reloj pulsera blanco impecable sobre su piel canela perfumada con fresias y frutas frescas, daban las tres de la tarde en punto. Giro suavemente su cabeza sobre el hombro, en dirección al sol naciente y venía él. De pantalón de lino beige y remera blanca. Alto, erguido; a la cita como siempre. Dejando tras de sí una estela de perfume a pino recién mojado en el bosque y madreselvas. Dejando una estela de sabor amargo a encuentro entre sombras y nieblas... 

     Siempre serían tres.

     El triángulo: figura perfecta de la geometría de las vidas paralelas eternas.

  Marisa E. Avogadro. Publicado en www.cuentosymas.com.ar