Discó los siete dígitos del número de la empresa para avisar que llegaría más tarde. Inmediatamente, sin escuchar el sonido característico de un teléfono llamando, una suave y dulce voz femenina le contestó: ¡buenos días!. ¿Quién es?

      El se sorprendió, acaso no sabía la telefonista que debía dar el nombre de la empresa en primer lugar.

     Con voz firme, le dijo ásperamente: qué sucede; desde cuando atiende el teléfono de este modo. Soy el presidente del directorio.

     Con una sonrisa a flor de labios, la voz del otro lado del teléfono contestó: Juan, ¡buen día!. Por fin de buen humor haciendo un chiste.

    El  contestó rudamente con la voz cada vez más crispada. Un largo silencio y María respondió: lo siento, tal vez la llamada se ligó. Mi teléfono no alcanzó a sonar, respondí porque escuché una voz antes de discar.

     Esa tarde, a las 20.30 hr, bajo el azul intenso del agua del Canal, Juan y María tomaban un exquisito café geisha en la Calzada de Amador.

* Marisa E. Avogadro. Periodista y Escritora argentina