Cuentos Navideños
el 20 dic En: Libros de Cuentos Infantiles - sin comentarios

Ojitos de Ilusión
Miraba desde el cielo azul profundo, amplio, inmenso. Una noche tan especial. Tintineaban cual canto de pajarillos salvajes, un mar de estrellas. Cuántas casas, cuántas personas, cuántos pensamientos.
Detenido por los aires, seguía observando. Mis alces ya cansados y con mucha sed. Observaba tantas caritas!. Una muñeca para mí, susurraba una pequeña. Un auto a control remoto, repetía un niño. Y era un juguete tras otro, una bicicleta, un jueguito de te; una computadora, unos rollers...
Pero allí estaba Luis. Ojitos de ilusión mirando a través de la ventana. Campo traviesa, la media luna se reflejaba en el lago, repitiendo el pedido del niño. Esta noche sólo quiero que todos los niños del mundo tengan mucho amor. Los niños que tienen casa y los que duermen en la calle. Los que tienen mamá y los que ya no la tienen. Los que comerán y los que no. Los que trabajan y los que no.
Y al escuchar ese pedido del corazón, hasta mis alces tomaron nuevamente fuerzas. Miré hacia abajo. Distinguí la humilde casa de campo donde vivía Luis y bajé. Tendrían que haberle visto sus ojitos de ilusión. Nunca olvidaré un rostro así. Y con palabras entrecortadas, preguntándome si realmente yo era papá Noel, le dije que sí y que esta noche se cumpliría su sueño: tendrían amor todos los niños del mundo. Todos ellos tendrían hoy ojitos de ilusión.
Un sueño para María
Todos habíamos corrido de aquí para allá este día. El pino del frente de la casa, alto, erguido, verde oscuro; tenía puesto su traje de fiesta. Luces multicolores que nos guiñaban un ojo a cada paso. Estrellas de oro y plata. Corazones rojo brillantes. La fiesta era muy importante, por eso cuidábamos todos los detalles.
El cielo azul nocturno, limpio, cual mar en calma, iluminaba los jardines que daban al bosque. Sólo se escuchaban los grillos cantando bajo la cara blanca del cuarto de luna. Hoy, más brillante que nunca.
De repente, María, a pasos imperceptibles y rápidos, corrió hacia el bosque. Desde la casa yo la miraba. Había recorrido varios metros cuando se detuvo junto a un ciprés azulino, lleno de flores multicolores a sus alrededores. Juntó sus manos como para rezar y quedé boquiabierta.
Desde el cielo descendían a sus dedos, como pompas cristalinas, luminosas de diversos colores: rojas, azules, verdes y amarillas. Las colocó en una cesta que llevaba consigo. Dio media vuelta y regresó a la casa.
Al llegar, se dirigió al pino del frente y cual ofrenda, junto al pesebre ubicado a sus pies, colocó la cesta con mucho cuidado.
Ya era casi la medianoche. Jesús nacía en Belén y María había recibido su sueño hecho realidad.
Sólo faltaba el último paso. Se escucharon fuertemente las campanadas del reloj de madera de la abuela. Era la medianoche y mágicamente, las esferas brillantes, luminosas comenzaron a tomar vuelo. Giraban como trompos y en su giro irradiaban rayos de luces de colores y al girar se escuchaba un susurro que decía: Jesús ha nacido, amor, paz, esperanza y prosperidad en la Tierra. Jesús ha nacido …
Estrellita de Esperanza
El aire está tan calmo, que llego a escuchar hasta el movimiento de las pequeñas hojitas del árbol. Azul, azul intenso se ve el cielo; como una alfombra suave e interminable, con diminutas perlas blancas que tintinean, suspendidas en el aire. Miro hacia la tierra, estoy muy cerquita de la luna, que canta y juega con las estrelllas.
Tiene que llegar la medianoche y estamos todos a la espera. Los latidos de nuestro corazón hacen que la luz que tenemos suba y baje. Estamos todas mirando a Belén, Tierra Santa en Jerusalén.
Escucho campanitas, los ángeles están bajando a la tierra. La luna respira hondo y despacio esparce un suave aroma a jazmines mezclado con azahares y fresias Y yo y mis hermanas estrellas comenzamos a brillar más y más... En Belén ya nació el Niño y con él la luz de esperanza para la humanidad.
Los Reyes Magos traen sus ofrendas y también los pastores del lugar. Cerremos lentamente nuestros ojos y casi como un susurro, pidamos a la estrellita de la esperanza, que hoy que nació Jesús, llene nuestros corazones de paz, amor y verdad.
Mi Amigo Navidín
Esta noche es tan especial. Necesito que Navidín se vista de fiesta. Me iré volando a conseguir adornos y un vestido de noche...
Ya estamos aquí. Amigas luciérnagas, a la cuenta de tres, lo iluminamos. Uno, dos, tres y giraron en espiral las luciérnagas yendo desde la punta a los pies. Farolitos parecían, estrellitas diminutas tintineando al compás de la música. Algunas blancas, otras amarillas fosforescentes.
Ahora viene danzando una bandada de mariposas. Banderitas de colores: naranjas, amarillos, violetas, azules, blancas, de rayas, lunares, onditas. Y a cada momento está más lindo el vestido que le estamos colocando a nuestro amigo árbol.
Navidín es un pino alto, tan alto, que sólo volando podemos llegar a sus extremos. Es verde, como la esperanza; verde como la esmeralda y la menta. Con perfume a pino recién mojado por la lluvia.
Ahora también están llegando los caracoles y se ubican en ronda para hacerle ruiditos como cascabeles. Hasta el cielo nos acompaña con la luna redonda y grande, de ojos saltarines, tocando una canción infantil.
El pino esbelto no deja de mirarse y una amplia sonrisa fresca inunda su cara. Nunca se vio tan lindo, tan especial, tan colorido. Ya está casi listo: su aroma y todo su traje a medida. Todo el bosque está de fiesta, porque hoy llega el Señor. Hoy nació en Belén, el Niño Jesús y Navidín ya está vestido, para alabar a Jesús que hoy ha nacido.
Marisa E. Avogadro. Periodista y escritora argentina.

Avogadro, Marisa, en colaboración (2008). Mediaciones tecnológicas: el entramado invisible del ciberespacio. En Mediaciones Sociales. Tomo 3. Madrid: Universidad Complutense de Madrid. ISBN electrónico: 1989-0494
Avogadro, Marisa E. Un viaje Imaginario. Cuentos infantiles. Beta Impresiones, Argentina. ISBN 987-43-7602-3.

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